El cerezo florecerá en Cochabamba
- revista la trini
- 19 mar
- 3 Min. de lectura
El florecimiento del cerezo, dirigida por Enrique “Kike” Gorena y estrenada con éxito en La Paz, inicia este año su tour por escenarios de otras ciudades. Este sábado 22 se presentará en el teatro Adela Zamudio de Cochabamba, con la producción de Udumbara. Aquí algunas aproximaciones a la obra desde el testimonio y la experiencia de sus protagonistas.

Enrique Gorena
Director y dramaturgo: trabajar con la comedia es algo que se me da con facilidad, por eso en esta propuesta quise explotar otras texturas, otros mecanismos que buscan que las personas se identifiquen con el drama del protagonista. Todos de alguna forma nos sentimos en falta en cuanto a las expectativas de algún futuro imaginado; todos le debemos a nuestro niño interior la promesa de fortaleza; todos hemos perdido a un ser querido.
Ver cómo algunas personas del público derraman lágrimas al final de nuestra obra, es una reafirmación de la sensibilidad con la que las trabajamos. Por eso, más allá de la aventura estética a la que generosamente se suman todos los involucrados en una obra, en este caso se da además un pacto de humildad mediante el que dejamos de ser nosotros para ser la voz de Marcelino, el inmigrante que vino de su comunidad a vivir a la ciudad. ¿Cuántos Marcelinos caminan invisibles por nuestras calles’, ¿cuántos dejaron de ser lo que eran para tratar de ser lo que los demás quieren que sean? Creo que la voz de Marcelino, ahogada en un títere, puede alcanzar bellas resonancias en el corazón del espectador que venga a vernos.
Marcelo Gonzales
Compositor musical, tayu, narrador: creo que si tengo que destacar algo de esta obra, debe ser el ambiente que evoca, similar a un trance espiritual. Como músico y narrador, sostener este viaje, desde uno mismo e intentar incluir al espectador, es un muy bienvenido reto; no por ello menos intimidante. Pero creo que en eso radica la importancia de esta obra en específico: plantea un hecho muy concreto y muy boliviano: el ser frente a su naturaleza, el hombre de la montaña, casi obligado a olvidarla para ganarse la vida, y la epifanía de intentar retornar a ella.
Un hecho así de profundo no puede tener un trasfondo menos poético y potente. Es por eso que en esta obra todos los recursos del sonido, movimiento, color y palabra se ponen en juego y se explotan al máximo. No me queda más que invitar a todo el público a subirse con nosotros a esta nave.
Daniel “Anki” Gonzales
Músico: mi participación, en la interpretación musical, me ha conducido a estados estéticos y de conciencia muy especiales, ya que la obra está cargada de símbolos y movimientos que cargan mística y magia, cualidades esenciales de la obra, creo yo.
La unión del texto, la música, la danza, la actuación de la marioneta y los bailarines, la escenografía, el vestuario y las luces, tratan de ser un continuo armónico y poético que puede llevar al público a sumergirse en esa mística andina-japonesa, pero que al final de cuentas porta un lenguaje simbólico universal. La verdad, con esta obra estoy logrando tener algunas experiencias de las más bellas y profundas que he podido tener en mi carrera musical. Es muy enriquecedor trabajar, a través del teatro, con varias ramas del arte que se desarrollan de manera fluida para forjar el todo de la obra. El florecimiento del cerezo es una obra que realmente te puede mover el corazón, el alma y la vida.
Raquel Márquez / “Kelly”
Intérprete de danza y teatro: esta obra marcó un antes y un después para mí, es la primera vez que puedo interpretar un papel tan importante y ayudar en el proceso creativo desde cero. La historia es un balance perfecto entre lo andino y lo japonés, e invita a reflexionar sobre la mente, cuerpo y espíritu. También quiero mencionar el trabajo que hubo detrás de esta obra: conectar bailarines con artistas musicales, fue un reto de meses de autoconocimiento y convivencia con los demás; creo que Kike Gorena tenía una imagen tan marcada en su mente, que al hacerla tangible todo cobró sentido.
Edwin Villarroel / “Chukuta”
Intérprete de danza y teatro: ser parte de la obra fue una experiencia y un viaje muy lindo hacia mi yo interno, mi calma y el lado contemplativo que poseo. Trabajar a velocidades lentas fue un verdadero reto, ya que mi cuerpo estaba acostumbrado a generar movimientos mucho más veloces y con intención de tridimensionalidad. Lo interesante fue hallar comunes desde las danzas del popping, los ángulos y las líneas hacia las cualidades que el director y el coreógrafo estimulaban hacia los intérpretes.
Considero que cada presentación va tejiendo una posibilidad nueva que a su vez nos sorprende tanto a nosotros como exponentes, como al público; y lo lindo es eso, vivir el ritual, el viaje… sentir lo que Marcelino (la marioneta) sintió en el proceso hasta subir a la montaña y encontrar el regocijo.

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